La palabra esperanza, queda definida como la confianza de lograr una cosa o de que se realice algo que se desea. Bajo este escenario y en época de pandemia, cualquier aseveración que favorezca a nuestros intereses, nos acogeremos a ella como un clavo ardiendo. Después de unas semanas en las que hemos surfeado encima de lo que los tarostistas de este país llaman ” la ola” , toca ir apaciguando a la masa social e ir disminuyendo el pánico. Para elaborar la jugada maestra, tan solo han necesitado castigarnos como a niños pequeños prohibiendo salir en horario nocturno y no desplazarse del municipio de residencia durante el fin de semana. Salvo excepciones , los lugareños, hemos aceptado a regañadientes semejante retroceso en el tiempo a la época más franquista; el bolsillo es motivo más que suficiente como para pasar por el aro…. en plena ola de despropósitos, no conviene tener un gasto extra.
Este golpe de ingenio por parte de los videntes del Gobierno y sus bolas de cristal, hubiera sido más verídica de no ser porque la tan entrañable Navidad, está a la vuelta de la esquina pidiendo paso. Hace tan solo unos meses, se sirvieron del mismo patrón de juego….. en primera instancia, el descontrol provocado por la pandemia era total, pero a medida que el verano se acercaba, tocaba calmar a la masa social, para después, una vez alimentadas las arcas , lo mejor era bajar de nuevo la persiana. Pocos meses más tarde, vuelven a emplear el truco de magia, casualmente a las puertas de las fiestas navideñas lo cual implica una nueva subida a las arcas públicas. Me gustaría equivocarme, pero, si el plan de ruta sigue así, tal vez empecemos el año, encerrados en casa y estando inmersos en un círculo vicioso en el que, durante 8-9 meses tendremos muchas cosas en común con la longeva serie de ” Cuéntame como pasó”.
Pero no todo es malo, también hay lugar para el aprendizaje ; palabras como ” fase”, ” desescalada”, ” pico de la curva”, y un largo etcétera, han quedado grabadas en la sesera de millones de personas. En este caso, si que podría decir que la televisión , educa y divierte a partes iguales. Cuando la pandemia haya tocado a su fin ( si en algún momento lo hace ), las palabras que he citado anteriormente, correrán la misma suerte, al igual que ” irresponsable”, la palabra insultante por excelencia en estos tiempos y que, cuando esto acabe , volverá a su estado original para centrarse en los familiares de cada uno/a.
Pero ahora toca ser eruditos y sucedáneos en medicina hasta que el 6-5-3 de la televisión, con el beneplácito de los gurús, den por finalizado el espectáculo.
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