Según especifica el gran Mesías de la lengua ( este no es otro que la Real Academia de la Lengua ), la palabra interés, se define como una inclinación del ánimo hacia un objeto o persona o bien por conveniencia moral.
Como ya saben y han leído en diversos artículos de un servidor, me considero firme defensor de la causa perruna; ya no solo por el hecho de tener una perra sino porque no dejan de ser seres vivos y como tal, merecen tener la oportunidad de gozar de una vida digna con la diferencia de que, ellos, no nos van a pedir nada a cambio salvo un poco de nuestro cariño.
Mezclando estas dos cosas, aparece el fenómeno mundial de estas últimas semanas… COVID-19. Quizás muchos de ustedes estén pensando en la asociación canino-coronavirus, pero después de leer esto, quizás encuentren el nexo.
Verán, desde hace varios días, voy escuchando que repentinamente las protectoras de animales, han experimentado una súbita afluencia de personas dispuestas a ejercer de salvadores peludos para ofrecerles una supuesta vida mejor. Pero en tiempos de estado de alarma y confinamiento, tanto acogimiento canino es cuento menos sospechoso. Los que tenemos un/a peludo/a en casa, gozamos prácticamente de impunidad para salir a la calle para que la mascota alivie su intestino o su vejiga y tanto perros como personas, agradecemos esos breves minutos.
La razón de tanto repunte en la adopción perruna, es precisamente esa, poder gozar también de esa inmunidad y usar a la mascota como escudo defensor y evitar reprimendas de los llamados ” justicieros de los balcones” y demás patrullas ciudadanas.
Pero, cuando pase todo esto, ¿ saben que sucederá? ; quisiera equivocarme pero, en el momento que esta comedia haya tocado a su fin, los ” benefactores” caninos , no tendrán miramientos en devolver a la desdichada mascota de donde la acogieron o en el peor de los casos, dejarla abandonada a su suerte sin importar un ápice su destino final..
Lo que en un principio podía parecer un ejercicio de bondad, realmente lo que muestra es la enorme hipocresía humana a costa de unos seres que lo dan todo a cambio de nada.
Pero la cosa no queda ahí; ¿ que sucedería si en estos días uno de los muchos iluminados que vagan por el mundo dijera que los perros pueden transmitir el COVID-19? La escabechina sería de órdago y el fin de la existencia canina comenzaría su cuenta atrás. Por fortuna ese supuesto no existe, así que los fieles canes solo tendrán que lidiar con la falsedad e hipocresía humana que no es poco.
Este fenómeno llamado coronavirus o ” el bicho” como vulgarmente se le llama, será devastador, letal, o como quieran llamarlo, pero día tras día, nos está dando grandes y sabias lecciones de lo más mezquino del ser humano.
Esta web utiliza cookies propias para su correcto funcionamiento. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos.
Ver
Privacidad
Utilizamos cookies propias y de terceros para garantizar el funcionamiento de la web, medir su uso y mejorar nuestros servicios. Puede aceptar todas las cookies, rechazar las no necesarias o configurar sus preferencias. Política de cookies
Configurar cookies
Necesarias para que la web funcione correctamente. No se pueden desactivar desde este panel.
Ayudan a medir el uso del sitio y mejorar sus contenidos.
Permiten publicidad, medición de campañas o personalización de anuncios.
Guardan preferencias o permiten contenido externo no necesario.
Sé el primero en comentar